¡FINAL DE CURSO!

Publicación de los relatos ganadores del XVI Concurso de Relato Breve y Microrrelato IES Hipatia

A continuación publicamos los relatos ganadores. Empezaremos por los tres primeros premios:


CUANDO LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL...

Cuando escuché a mi madre gritar –¡Gonzalo, despierta!–  un sinfín de cosas pasaron por mi cabeza, entre ellas, que era lunes. Soy un niño normal, voy bien en el instituto, tengo muchos amigos y estudio de ESO en el instituto Alejandría. Al igual que todos, tengo un secreto, pero es que mi secreto es muy gordo: mi dedo índice, se enciende cuando yo quiero, y con él puedo hacer magia. El problema es, que cuando estoy triste, mi magia se debilita.

Estoy tomando el desayuno, mientras veo en la tele un interesante programa, sobre los nuevos robots que han creado con inteligencia artificial integrada. El programa está en lo más interesante, pero tengo que ir ya al instituto.

Estoy  en  clase  de  Lengua, de repente  la alarma  del instituto  suena.  Todos empiezan a chillar. Asimilé lo que ocurría y salí corriendo hacia el patio con todos los demás. Cuando vi lo que había en el patio, me asusté: un ejército de los robots que había salido esta mañana en la televisión lanzaba fuego hacia el instituto. Entonces vi que la jefa de estudios alzaba su dedo encendido y gritaba –¡Oviam relatam!–.Un rayo de luz cegadora surcó el cielo y cr un escudo verde que repelía la magia de los robots.  –¡La jefa de estudios también era maga!– pensé. Cuando todavía estaba impactado por la situación, la escuché diciendo: ‘’Bajo este escudo estaremos a salvo. Pero si el escudo cae, todos  estaremos  condenados  a  una  muerte  segura’. Estas palabras retumbaron   en  mis oídos,  como  si  mi  cerebro  estuviese  haciendo  que sonaran, como si fuera el eco de mi propia voz.

 Bajo el escudo, me sen seguro, pero recor que mi familia no tenía protección. Una idea pasó por mi cabeza:  los robots  matarían  a  nuestras familias  y cuando nos debilitáramos el escudo caería. Entonces dije:  Vocal máximum–  para  que  mi  voz  sonara  alto,  –¡Escondernos  bajo  un  escudo, es de cobardes. Lucharemos  por  amor, por  nuestras familias, y  no  dejaremos  que  estos robots  ganen  la batalla! ¡Lucharemos! –dije llorando. Grité  –¡Destructo!–  y una luz blanca estalló, provocando una explosión que destruyó el escudo.

La guerra había comenzado y había  que  luchar. La magia  de los robots  era  poco potente, pero eran muchos y tenían cuchillas. Atacaban a los alumnos, que corrían despavoridos, y la jefa de estudios y yo destruíamos a los robots. Éramos dos contra cien. Había un robot con una corona, que sería  el rey, supongo. Unos rayos verdes salían de sus cuchillas. Empecé a temblar, pero no podía rendirme tan pronto. Cuando la jefa de estudios luchaba, el rey robot  le lanzó un rayo verde que impactó en su cabeza. Me dio un vuelco el corazón. No sabía si estaba muerta o  inconsciente, solo que ya estaba soloSeguí luchando y cuando destruí  a otro robot, vi que estaba dominando la  batalla. Quedaba solo el rey. Entonces todo sucedió como a cámara lenta. Vi como el rey saltaba sobre y me tumbaba.  Movía su cuchilla  hacia mi corazón,  pero  cuando  se disponía a clavármela una fuerza muy poderosa, más poderosa que la magia o que un robot, brotó de mi interior, me lanzó por los aires e intercambió nuestras posiciones. Esa fuerza era el amor. Entonces le dije: 

–Cuando la inteligencia artificial supere a la mente humana dominaréis el mundo–.  Coloqué mi dedo encendidsobre lo que sería su corazón y el robot estalló en miles de pedazos.

Miguel Bayona Torres  (Primera categoría)


                                                                                    

LA REGENCIA DEL SILICIO

De no ser por los relojes que lucen las colosales torres, nadie se atrevería a asegurar si el sol está puesto o no; el cielo es gris, y los objetos voladores eclipsan el paisaje ajeno a la tecnología postiza. Los edificios se pierden en lo frondoso del cielo opaco debido a su estatura estremecedora, fruto de la arrogancia humana en su propósito por alcanzar lo inalcanzable: el firmamento; por derrocar el régimen de la naturaleza. Ese poder humano ya forma parte del pasado. La Fundación traicionó y hostigó a su creador, el mismo hombre que antes trataba de superarse, ahora estaba condenado al ultraje por su exceso de curiosidad y soberbia; se veía sumido en una vida indigna dedicada a la servidumbre, en mayor medida con los hombres rebeldes, y en menor con los dóciles. La vida perdió el valor que alguna vez había tenido y las personas no eran más que engranajes de una máquina superior. 

Otra jornada más, se oía el tedioso sonido por toda la urbe que se encargaba de despertar a los siervos. Viktor había sido un muchacho con sed de conocimiento y con apego por la vida, por la libertad, por el amor, y por esas cosas que brindaban sentido a la existencia. Los seres ambiciosos como él no se acostumbraban al Nuevo Orden Mundial; esas cualidades no tenían cabida en este mundo. Salió de su apartamento y se montó en el ascensor junto a un residente de la misma planta. Viktor, más astuto que todos, jugaba un papel clandestino y prácticamente fugitivo que le permitía evadirse de la situación del populacho. El ruido del decrépito ascensor rompía el silencio.

— Perdona, ¿puedo preguntar dónde vas? He oído que hay campos de trabajo extremo en el extrarradio de la ciudad. — decía Viktor, tímido, pero curioso a la vez.

El semblante de temor con el que el desconocido miró al chico lo desconcertó. Su mirada dejó en evidencia la ausencia de palabras, que no fueron necesarias. 

— ¿Qué ocurre? ¿He dicho algo que no debía? — añadió el muchacho con actitud empática.

Una pequeña luz roja parpadeó en la sien del hombre. Viktor se asustó, algo iba mal. Comenzó a reflexionar con la mirada perdida sobre lo que estaba pasando. Primero el rostro de preocupación por sus palabras, después la luz dentro de su cabeza. Era cosa de La Fundación. Antes de que Viktor terminase de esclarecer los hechos en su mente y mirase de nuevo al desconocido, este último, temblando y con un nudo en la garganta, añadió:

— No tengo nada que perder, pero tú sí, joven. Huye. Vienen a por ti y ahora, también a por mí.

El hombre cayó desplomado antes de ni siquiera poder sentir miedo o arrepentimiento. Alguien, o más bien algo, había provocado eso; era un castigo. Viktor se horrorizó ante la situación que se mostraba. Un instante después, terminaron los largos seis minutos de bajada desde el piso 273. El cadáver, que se apoyaba en la puerta, se resbaló, dejando mitad del cuerpo fuera y la otra dentro del ascensor, cuya puerta se abría y cerraba en bucle al chocar con el cuerpo. Viktor recordó la confesión del desgraciado. Sabía que si permanecía allí lo encontrarían, así que se encapuchó, salió a la calle y, cabizbajo, comenzó a caminar cada vez más rápido. Lo sombrío de la ciudad lo ayudaba. Escuchaba a los secuaces de La Fundación hablar sobre su posible ubicación con su característica voz robótica. Tropezó, y los libros que llevaba consigo en su macuto se esparcieron por la acera. Vio su final acercarse… ¡Los libros estaban prohibidos en el Nuevo Orden Mundial! Incalculables naves repletas de secuaces con piel plateada lo rodearon y lo dejaron inconsciente.

No había edificios. Era un lugar inimaginable, idóneo para la más terrorífica historia. El suelo era ceniza y a lo lejos se observaba un vertedero que competía en altura con los edificios. Viktor, arrodillado, encadenado y rodeado de cuatro secuaces, despertó. Entre los robots, apareció otro de envergadura mayor, de color dorado, al que los demás llamban El Fundador.

— Viktor Doyle, La Fundación te condena a muerte por la infracción de la ley primera y tercera del Nuevo Orden Mundial: evasión del Orden y posesión de libros. — dijo El Fundador, con su voz vacía y metalizada.

Lo mataron y lo arrojaron al vertedero junto a los demás hombres rebeldes, aquellos que se negaban a ser engranajes.

— ¡Viktor, Viktor! ¡Despierta! ¡Mira la televisión! ¡Han creado una máquina inteligente capaz de hablar y hacer cosas propias de humanos! ¿No es fascinante?

Un sudor frío recorrió la frente de Viktor.

— Hermana, no vas a creer lo que he soñado. — dijo mientras mantenía la mirada fija al televisor.

— ¡Qué más dará eso ahora!

Una luz roja parpadeó en la sien de Viktor.

Pablo Castillo del Toro (Segunda categoría)


 UN PREJUICIO ARTIFICIAL

Estaban  Sancho  y  don  Quijote,  sin hacer  especialmente  nada  solo  deambulando por  la moderna ciudad con sus patinetes eléctricos, pensando en cómo pasar el día. Al rato escucharon un murmullo y se acercaron al ruido. Eran dos policías con tres delincuentes encadenados en fila de cuyas bocas no paraban de salir quejas. Parecían molestos.

- ¿Por qué andan estos hombres encadenados? Parecen ser buenas personas, no tienen pinta de haber cometido atrocidades ni delitos graves - dijo Don Quijote.

- Están acusados de mal uso de la inteligencia artificial. Camino de la cárcel que van estos irrespetuosos  y  manipuladoresEprimero que  ves  mi  espaldhrealizado múltiples trabajos universitarios con inteligencia artificial. El segundo es condenado por el mismo delito. El último es el peor de todos, escrib una carta de disculpas generada también con una aplicación - contes el policía.

Don Quijote no pensaba que estos actos fueran lo suficientemente graves como para ir a la cárcel y sentía stima por los presos, así que plan una estrategia con Sancho para liberarlos y librarlos de ir presos. Esta estrategia no era muy elaborada y resultó fallida, lo cual acabó en una batalla entre los presos, don Quijote y Sancho contra los oficiales. La pelea terminó con los dos oficiales inconscientes en el suelo y los presos libres.

- Gracias por librarnos de estos dos policías crueles que nos tenían encadenados. ¿Podemos hacer algo por nuestro salvador? - dijo uno de los presos muy alegre.

- Pues ya que lo dices, podríais ayudarme a escribirle una carta a mi amada. Hoy no me siento inspirado para escribir - respond don Quijote.

Los presos se pusieron a ello y escribieron la carta para don Quijote, usando la inteligencia artificial. En un instante tenían terminada la carta. Sancho le recriminaba a don Quijote tal actuación, pero sin éxito.

- Aquí tiene su carta para su amada - dijo un preso.

Al acabar de leer la carta en la cara de don Quijote se apreciaba su disgusto.

- Esta carta es una ofensa para mi amada, no tiene alma, sentimiento, amor. ¡No tiene nada! Esta carta no tiene valor, Dios maldiga las malditas inteligencias artificiales gritó el hidalgo.

Sancho inten calmar a su compañero, pero ya era demasiado tarde. Los presos se abalanzaron sobre ellos y les dieron una paliza a ambos. Estos se quedaron muy doloridos y, por si fuera poco, los presos los dejaron casi desnudos para humillarlos por haber dicho esas palabras. Y así quedaron en ropa interior en medio de la ciudad y sin patinetes, pues los presos se los robaron para huir.


Alejandro de la Rosa Maidero (Tercera categoría)


 Los segundos premios son los siguientes:

 

 PERFECTA

Me miro al espejo y me encanta lo que veo. Soy perfecta: joven, alta, guapa, atractiva. Mi cara, mis ojos, mi cuerpo, todo me gusta. ¿Qué más se puede pedir? Me pongo a pensar en qué publicar hoy; soy una influencer famosa y tengo millones de seguidores. Lo único que debo hacer es mostrar mi maravillosa vida a mis fans. Y les fascina.

Ya he pasado demasiado tiempo mirándome en el espejo. Debo prepararme para tener otro día perfecto. Ando por la calle y todos me miran; algunos hasta me hacen fotos. Me parece genial, porque luego las subirán a sus redes y más personas podrán admirarme.  Compro nuevos looks y maquillaje, en casa los probaré y compartiré mi opinn. Luego iré de fiesta con mis fabulosos amigos toda la noche y seguro que mañana será otro día maravilloso. Los días se suceden a, ocurre todo lo que me gusta, tal como había soñado. Mi día a día es una fantasía. Solo me preocupa un extraño mensaje que me llegó anteayer: Te quedan 48 horas”. Seguro que es un hater que me tiene envidia. Antes de dormir reviso mis publicaciones y leo orgullosa cómo me idolatran. Mañana será otro gran día.

Al despertar no estoy en mi habitación, sino en un cuarto completamente blanco. Se abre una puerta y una voz dice: “Su estancia ha terminado”. ¿A qué se referirá? Salgo y veo un pasillo lleno de puertas idénticas. Unas flechas me guían hasta la salida. Las habitaciones, todas iguales, tienen ventanas y veo a personas tumbadas con gafas y cables conectados a su cabeza, todos sonriendo. De repente veo mi reflejo en uno de los cristales. No puedo ser yo. Espera, sí que soy yo. Acabo de recordarlo todo: mi vida, mi trabajo, mis problemas Mi rutina perfecta era mentira, la había programado yo para que fuera así. La inteligencia artificial de una empresa creaba todo tal y como me gustaba. Por eso era tan bonita. No puede ser que haya vuelto a la realidad. No quiero mi vida. Rompo a gritar y a llorar, me tiro al suelo y me sacan a rastras del lugar. Me ha costado tanto trabajo ahorrar para venir a este sitio no puede acabar tan pronto. Cuando me echan del edificio que quedo llorando en la puerta. Leo el eslogan por última vez antes de volver a mi casa de verdad.

                                  ¡HAGA REALIDAD SUS SUEÑOS CON IA!

Me miro al espejo y odio lo que veo. Soy horrible: demasiado gorda, fea y vieja. Mi cara, mis ojos, mi cuerpo, no me gusta nada. ¿Por qué soy así? Voy caminando por la calle y nadie repara en mí. En vez de ir de compras tengo que ir a trabajar. Así es lvida real. Ya no hay ninguna IA que diseñe mis sueños, ninguna mente robótica escribe el guion de mi vida perfecta.

He ido al psicólogo, dice que nadie tiene una vida perfecta y que no debo sentirme desgraciada. Me ha dado mucho que pensar, y he llegado a la conclusn de que no puedo tener la vida que deseo y que lo mejor que puedo hacer es valorar la que tengo. No necesito en absoluto que todos me miren, me adoren y me halaguen. No debe importarme que una persona tras una pantalla me critique por mi aspecto.

Así que ahora cuando me miro en el espejo pienso que mi vida no es perfecta, pero hay cosas que la hacen maravillosa. La realidad que cr la IA es tan falsa como las personas que dicen que todo en su vida es perfecto.

Sergio Huertas Pérez (Primera categoría)


LA CARTA ROJA

Querido lector:

Me llamo Raúl, soy un chaval completamente normal, con una vida monótona y bastante aburrida. Mi hermano se llama Pedro y ambos tenemos la misma edad y vamos al mismo instituto.

Yo siempre he sido un niño muy extrovertido y conozco a gente de todos lados de la ciudad, en cambio, mi hermano es mucho mas reservado, siempre está con su móvil, su ordenador o escuchando música con sus auriculares; por más que intente que se relacione con otros, él empieza a temblar y a tartamudear y se pone realmente nervioso y las conversaciones normalmente acaban en burla, risas y humillaciones.

Hace una semana, mientras mi hermano, como de costumbre, utilizaba su ordenador, recibió un mensaje por parte de un usuario que él no conocía y pensó que debería de ser alguien de su clase. Lo abrió y en él solo se encontró una foto suya modificada seguramente por una de las aplicaciones que están de moda actualmente, pero aunque la foto fuera graciosa, él no se lo tomó como una burla sino como una especie de amenaza.

Esa misma noche, Pedro no habló con nadie durante la cena, terminó de comer, recogió su plato y subió a la habitación. Él y yo dormimos en habitaciones separadas y nunca deja que nadie entre a su cuarto.

A la semana siguiente lo veía cada vez más y más angustiado, además me había enterado de que unas fotos se estaban compartiendo por las redes.  Le pregunté a bastante gente, pero nadie me quería decir nada, quizás por miedo, vergüenza o simplemente porque no querían meterse en problemas; pero todos tenían algo en común: no ponían en duda que la foto fuese real. Esa misma noche, entré al cuarto de mi hermano, temiendo la riña que esto podría acarrearme por su parte. Cuando entré,  un silencio roto por las lágrimas de desesperación de mi hermano, invadieron mis oídos. Aquella figura blanca con el rostro pálido y grandes ojeras no volvió a salir de mi mente y, antes incluso de preguntarle, me señaló la pantalla del ordenador, que era la única fuente lumínica que alumbraba la habitación. Me acerqué, solo vi una larga fila de mensajes con una colección de fotos íntimas de mi hermano, así como otras muchas violentas e inhumanas.  Lo que había comenzado como una gracia a través de la edición de una foto por parte de una IA, terminó siendo su peor pesadilla, además de que en uno de los mensajes concretaba que las había enviado a varios grupos y sus fotos cada vez se difundían más y más rápido.

A la mañana siguiente fuimos junto a mis padres a denunciar lo ocurrido a la policía local de aquí de mi pueblo y nos informaron de la existencia de una serie de inteligencias artificiales que modifican la foto que subes a su web con las características que concretes, que no era la primera denuncia que recibían y que tanto el creador de la IA como el remitente de las fotos serían multados por delito de difamación de fotos íntimas o privadas de personas ajenas.

Ayer me desperté como de costumbre en mi incómoda cama y lo primero que escuché fue el grito desgarrado de mi madre al ver que mi hermano, aquel por el que daríamos la vida, se hallaba en el jardín del patio de mi casa, pues esa misma noche no había aguantado más y se había tirado por la ventana de su dormitorio.

Creo que todas las personas aquí implicadas son culpables de este trágico hecho, he perdido una parte de mí que nunca podrá ser recuperada ni olvidada y espero que con esta carta le quede claro al lector la causa de mi suicidio también.

Ya voy a verte hermanito…

Fdo. Raúl D.

Luca Fernández Romero ( Segunda categoría)

EL MAGO DE LAS CIEN MIL PUERTAS

Quijote regresó a casa, cansado y derrotado. Allí se encargaron de él su sobrina, su fiel escudero, un barbero y un cura. Tras las explicaciones del viaje, decidieron dirigirse a la biblioteca donde el hidalgo guardaba su colección de novelas de caballería y quemar todos los ejemplares. Cuando don Quijote despertó, le contaron que el incendio fue provocado por un malvado mago. Nuestro loco hidalgo decidió salir en su squeda. Anduvo varias horas hasta que cayó la noche y se rind al cansancio. Su ansia por dar muerte al mago se plasmó en el loco sueño que tuvo. - ¡Vuelve aquí, producto del diablo! - gritaba sin parar.

Su objetivo se escabulló por medio de dos altos setos a punto de florecer. Quijote lo imitó y, para su sorpresa, se encontró en un espacio completamente blanco y luminoso, con mil, qué digo mil, cien mil puertas de todos los tamaños y formas. El hidalgo, receloso, se acercó a una y la abrió. Descubr que el otro lado de la Puerta había varios homínidos danzando junto a una hoguera. Eran puertas de distintos periodos históricos que mostraban un aprendizaje personal.

La siguiente puerta estaba decorada con pictogramas de extraños símbolos, cubierta de oro y metales preciosos. Vio una gran cantidad de personas trabajando duramente bajo el intenso sol. Estaban construyendo una pirámide en medio del desierto. ¿Para qué iba a servirles aquelloLas  siguientes  puertas  guardaban muchos  rasgos  comunes  entre  sí:  grupos  de personas en la construcción o producción de algo.

La quinta puerta le llamó la atención al ser completamente de cristal, sin pomo para abrirla y sin poder ver lo que sucedía al otro lado. Se las ingen nuestro hidalgo para romperla y poner fin a su curiosidad. Creo que no puedo expresar la emoción que sintió  don Quijote mientras me lo contaba. Se mostraba una inmensa ciudad, llena de altos y brillantes edificios por donde la luz del sol no llegaba a pasar. Un millón de colores y destellos hipnotizaron al pobre hidalgo, que tuvo que desviar la mirada para no cegarse.

Le sorprend  ver lo diferentes y extraños que eran los habitantes . No por su color de piel o pelo, sino por el material del que estaban hechos. Por las calles caminaban personas de carne y hueso, pero también personas de metal, cuyos movimientos le recordaban a las armaduras de los caballeros andantes, rígidas y frías. Le sorprend también el hecho de que ninguno de los habitantes de aquella ciudad seguía el comportamiento que había visto en las demás puertas: no veía a nadie esforndose por algo, todo era automático. No lograba entender, ni yo tampoco, cómo todas las personas de puertas anteriores habían dado lo máximo de sí mismos para luego llegar a la inexistencia del trabajo, a la automatización de los procesos productivos, a la falta de creatividad e imaginación De carne o de metal, todos le parecían igual de grises y vacíos.

Se entristec nuestro Quijote al pensar que él también tendría que vivir algún día en aquella sociedad. Por ello, decidvolver a su casa, olvidándose por completo del mago. Se percató de que había dejado una puerta abierta y decid echar un último vistazo. Se vio a él mismo tendido en la hierba acompañado de su fiel escudero. Se vio más demacrado de lo que recordaba y fue consciente de que era ya hora de volver. Quería disfrutar de sus amigos antes de que llegara el momento que visualizó en la puerta de cristal. Un mundo donde ya no vale nada, solo aquel que sea capaz de ser mejor que los demás.

Mónica Montaner Gañán (Tercera categoría)


A continuación publicamos los terceros premios:


HUGO Y EL CHIP ARTIFICIAL

Era septiembre. El curso 2030-2031 estaba a punto de comenzar. Nuestro protagonista,   Hugo, estaba paseando por la larga playa de Santa Mónica. Hacía mucho calor, ya que era verano. Hugo se estaba despidiendo de todos los buenos momentos que había pasado ese verano en los Estados Unidos. Se había mudado. En realidad, él era de un pequeño pueblo de Alicante (en la Comunidad Valenciana). Ahora vivía en otro continente, en América del Norte, un lugar muy diferente a Europa. Todo era mucho más grande allí, sobre todo en California. La razón por la que él se había mudado, era porque quería trabajar en las grandes empresas tecnológicas de Los Ángeles. Casualmente, ese mismo año había terminado el máster de tecnología y estaba preparado para lo que le sucedería al día siguiente; su primer día de trabajo.

El despertador sonó a las 6:30 de la mañana. Se vistió con su chaqué más elegante que tenía en el armario y bajó a la planta de abajo a desayunar. Se preparó un café con leche y acto seguido se marchó, rumbo al centro de la ciudad, más concretamente a las oficinas centrales de Los Ángeles. Cuando llegó allí, una recepcionista alta, con ojos verdes y pelo negro, llamada Emily, le atendió y le dio la bienvenida. Cuando terminaron el registro, la recepcionista le guio enseñándole unas indicaciones del mapa del edificio. Su despacho estaba en la planta 44, aproximadamente a 100 metros de altura. Eso es lo que tiene ser de los mejores. Desde su despacho (que estaba al lado de la ventana) se podía ver la inmensa ciudad de Los Ángeles. Literalmente, había 17 millones de personas debajo de él. En ese momento, entró por la puerta el director del proyecto. Su nombre era Jack, un hombre americano, serio y robusto, aunque muy comprensivo. Había ido para darle la bienvenida, ya que fue él, la persona que quiso que lo contratasen, y también para desearle un buen comienzo en la empresa. La razón por la que contrataron a Hugo, fue porque él tenía una idea que nunca antes se había planteado acerca de la Inteligencia Artificial. Lo que querían conseguir era un aparato microscópico, parecido a un chip, que se implantaría en el cerebro y que sería la nueva mente humana pensante. Ahora los seres humanos seríamos “robots” por así decirlo. Justo cuando el jefe Jack se fue del despacho de Hugo, este encendió su megaordenador y se puso a hacer cálculos muy complejos sobre un tipo de programación. Hugo siguió y siguió trabajando durante muchos años más, sin descanso, solo para cambiar la humanidad.

El público aplaudía, la situación era tensa, pero a la vez emocionante. Habían pasado siete años. Hugo, Jack y todo su equipo de Open-AI, habían creado por fin la máquina definitiva: el Chip Artificial. Todo el público guardó silencio cuando Hugo tomó el turno de palabra. Había pasado de ser un joven de 26 años que empezaba a desenvolverse en el mundo, a ser un hombre que había pasado a la historia. Incluso los antiguos romanos con sus metafóricas profecías, no hubieran podido averiguar el futuro. Ahora solamente queda ir un paso más allá.

Pablo Francisco Segura (Primera categoría)


LA RUTINA                   

Esta es la historia de un anciano que vive solo en un piso muy pequeño y oscuro, prácticamente es como una gran habitación y está ubicado a las afueras de la ciudad. Su única compañía es un pequeño robot pegado a la pared en una esquina de la casa que le acompaña en su día a día. Cada mañana, el señor se levanta algo adormilado y saluda al robot, este le recuerda que se ponga sus gafas, prepare el café, dé de comer al gato, recoja el periódico, riegue las flores… y esta rutina se repite todos los días de la vida del anciano, después de que su mujer muriese unos años atrás. Hay días en los que el anciano se siente solo y triste al recordar a su mujer, entonces intenta contarle sus problemas a la inteligencia artificial buscando consuelo, sin embargo, todo esfuerzo es inútil, la máquina no es capaz de responder con claridad. “Es normal, Antonio. Es solo un robot, no puede comprender tus sentimientos” se dice a sí mismo cada madrugada en vela. Un día como otro cualquiera, se levanta, se pone las gafas, prepara el café, etc. y decide salir a la calle en busca de alguna motivación para olvidar por unas horas su absurda rutina. Pasan las horas, los días, las semanas incluso los meses y como siempre el pequeño robot da todas y cada una de sus indicaciones. Sin embargo, las flores se pudren, los periódicos se amontonan en la puerta, el gato tiene hambre… y el robot sigue dando instrucciones. 

Ángela Soriano Romero (Segunda categoría)

OS DESAMOS UN FELIZ VERANO. NOS VEMOS EN SEPTIEMBRE

                                                                                                                               




 


                                                                                                  

 

 

 

 

 

 

 









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